Santiago de Chile | A los 24 años, la vida de Aldocésar López Riquelme cambió tras sufrir un grave accidente automovilístico que le provocó un fuerte golpe en la cabeza y secuelas neurológicas importantes, entre ellas una hemiparesia derecha con espasticidad. Llegó a perder cerca del 70 % de la movilidad del lado derecho de su cuerpo, iniciando un largo proceso de rehabilitación física y emocional.
En su recuperación fueron fundamentales la Fundación Teletón, el Hospital de Neurocirugía y otros centros especializados. Entre los tratamientos que recibió estuvo el robot Lokomat, un sistema de entrenamiento de la marcha que utiliza tecnología robótica. “Haber tenido acceso a él fue parte de una recuperación exitosa. Si no hubiese sido por eso, no estaría en las condiciones en las que estoy. Quizás hubiera vuelto a caminar, pero con muchos más problemas, encorvado y arrastrando el pie derecho”, relata.
Con el tiempo, Aldocésar recuperó una parte significativa de su funcionalidad y logró autonomía en la mayoría de sus actividades cotidianas, aunque a un ritmo distinto. También debió aprender a convivir con las secuelas y adaptar su día a día a sus necesidades. En ese camino, el apoyo de su familia fue decisivo, incluso cuando los ejercicios y avances resultaban frustrantes.
“Mi familia me amarraba el brazo izquierdo para obligarme a usar el brazo y mano derecha. En esos momentos los odiaba a todos, porque nadie me entendía y todo me costaba muchísimo. Con el tiempo, obviamente, lo agradecí, porque me ayudó mucho. Tengo una familia increíble, que fue clave para mí”, recuerda.
Su determinación también se reflejó en el ámbito académico. Después de hacer una pausa de dos años, retomó sus estudios y logró graduarse como ingeniero comercial. “Nunca cuestioné lo que pasó. Era lo que me tocó y pensaba: ¿por qué no a mí? No dejé que esto detuviera mi vida”, afirma.
El movimiento como parte de su vida
A lo largo de estos 20 años, la actividad física ha ocupado un lugar central en su vida. Para Aldocésar, mantenerse activo no es una meta pasajera, sino parte de su rutina de autocuidado y una forma de convivir con las secuelas de su lesión. “Si bien he tenido una estupenda recuperación, cuento con secuelas, por lo que tengo que mantenerme en actividad física de por vida. Por esta condición, sí o sí tengo que entrenar. No moverme implica malestar, dolor; me cuesta moverme e incluso hablar”, explica.
Actualmente, entrena en Sportlife entre tres y cuatro veces por semana, en las sedes de Viña del Mar y Ñuñoa, en horario valle. Allí ha encontrado un espacio para sostener una rutina que forma parte de su vida cotidiana. “He estado en diferentes gimnasios. Recientemente estoy entrenando en Sportlife y ha sido una gran experiencia. El personal son un 7 y las máquinas son de un excelente nivel”, comenta.
Su entrenamiento combina actividades cardiovasculares y clases dirigidas, como baile y Sportcycling, siempre adaptadas a lo que resulta adecuado para su condición. Aldocésar ajusta los ejercicios a sus necesidades y prefiere realizar más repeticiones antes que enfocarse en aumentar la masa muscular. Para él, la constancia y la adaptación son claves para seguir en movimiento.
Una invitación a cuidarse y mantenerse en movimiento
Al mirar hacia atrás, Aldocésar reconoce el camino recorrido y comparte un mensaje para quienes suelen postergar el cuidado de su salud: “Hay que ser feliz bajo cualquier circunstancia. Invito a la gente a cuidarse, a quererse, a entrenar, porque el tiempo pasa y uno no se da cuenta. Es muy necesario preparar el cuerpo para el paso de los años. La actividad física está relacionada con la salud mental y también con la emocional. Están todas relacionadas para una vida mejor”.
Su historia recuerda que el movimiento puede acompañarnos en distintas etapas de la vida y que sus beneficios van más allá del rendimiento físico. Mantenerse activo, encontrar una rutina adecuada y contar con espacios que favorezcan la participación son aspectos que pueden contribuir al bienestar, la autonomía y la calidad de vida.


